La salida política a la crisis que se vivió a partir del golpe de Estado en Mali genera más interrogantes que respuestas. Si bien es cierto, que permitió una cierta satisfacción a casi todos los actores políticos en la capital, con excepción del ahora ex presidente Amadou Touré, llama la atención también por la manera en que se le permitió a la junta militar tener una salida digna que incluye inmunidad.
Si hacemos un balance, Amadou Touré era una figura respetada en su país por el hecho de que fue el responsable de terminar con una sangrienta dictadura hace más de dos décadas, sin embargo, también es un hecho que había una gran molestia en las fuerzas armadas por el escaso apoyo que se les brindaba para combatir a los rebeldes en una zona del país donde los tuaregs conocen perfectamente cada rincón y su nomadismo les permite ser una presa complicada para un Ejército regular y mal armado.
La junta militar encabezada por el capitán Sanago no tenía una oposición seria al interno que pudiera representar un peligro. Sin embargo, ante los ojos no solo de los países vecinos de la Comunidad Económica de Estados de Africa del Oeste, de la Unión Africana y de varios países de Occidente, Amadou Touré tenía un gran apoyo, tanto así que la primera reacción fue siempre de condena hacia el golpe. Sin embargo, ante la lógica geopolítica de Occidente, a Estados Unidos y a la Unión Europea y en específico a Francia en este caso, les preocupa más la aparición de movimientos que puedan estar vinculados con el islamismo radical que además se encuentren en un territorio difícil de rastrear y donde sus Ejércitos no tendrían un fácil acceso. Todo esto explica, porque a final de cuentas, la postura internacional ante la junta militar del Capitán Sanago se suavizó y les permitió una salida más que digna.
Amadou Touré, quien era aplaudido y vanagloriado como el padre de la democracia en Mali, fue finalmente sacrificado en aras de la estabilidad geopolítica de Occidente y eso por supuesto incluye no permitir el surgimiento de un nuevo país en el norte de Mali, sin saber claramente la vertiente política que pueda tomar.
Es cierto, entre los rebeldes tienen diferentes corrientes, hay tuaregs, quienes son simplemente grupos nómadas que piden más autonomía y participación política pero también hay diferentes grupos árabes y hay también grupos islamistas más radicales y no se puede descartar, tal como mencionó el ministro del Exterior ruso, Sergei Lavrov, que todo esto es una consecuencia del conflicto libio.
En ese sentido, para Occidente, era más importante por un lado, asegurar sus intereses geopolíticos y no dar pauta a movimientos islámicos que les sean incómodos. A final de cuentas, Francia, el país que cuenta con más intereses en Mali, poco se preocupaba de las vicisitudes de Ben Ali en Túnez o Mubarak en Egipto, así que nada costaría finalmente pasar por alto la inmunidad a los golpistas.
Aún así, eso no garantiza que la solución en el norte será fácil. Como en muchos territorios multiétnicos en el mundo, siempre hay grupos que han sido desplazados históricamente de las decisiones políticas y en este caso los tuaregs y diversos grupos moros del norte así se sienten.
Por lo tanto, en Mali, el reto, además de construir un Estado con características multiétnicas en una de las zonas más pobres del planeta, está también el problema de saber hasta que punto el país tiene la capacidad de tomar decisiones soberanas y romper los lazos con un claro matiz colonial que existen con Francia todavía. El desenlace al problema del norte, será muy importante en ese sentido.